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Foto: Ivan Sekretarev, File.

“Me van a tener que disculpar”. Así se llama el cuento que escribió Eduardo Sacheri donde se propone dejar a Maradona tranquilo con sus problemas dando paso al silencio en compensación a tantas alegrías futboleras.

A veces los análisis profundos no valen la pena, las historias complicadas nos alejan de la satisfacción de sentarnos en la cancha o frente a una pantalla y sólo dedicarnos a disfrutar. De Messi se dijeron y se dicen (ahora en menor medida que antes) miles de cosas. De las que lo transportan a un nivel de “el mejor de todos los tiempos” hasta aquellos que lo “ningunean” por no haber ganado un mundial. Trataré, como cada vez que me siento a escribir, de buscar caminos alternativos, no moderados o faltos de compromiso, sino distintos.

La frase que más me llama la atención de aquellos que lo defienden desde sus comienzos es “agradezcamos que es argentino”. Hasta Sampaoli la ha tomado como un latiguillo propio. Es bueno pensar esa frase. Lo primero que refleja es la opción de Messi de jugar con otra selección. El país que lo alojó, lo desarrolló y lo hizo famoso fue España. Sin embargo, Lionel prefirió jugar para la Argentina. Otra de las cuestiones que se desprenden de la frase es que Messi no tiene todas las características de algunos de los últimos ídolos del fútbol criollo. Se me ocurren Maradona y Tevéz por citar algún caso. Ambos tienen un origen de pobreza y un pasado en Boca que los hace más argentinos que el mate. Ser ídolo en Boca es un trampolín que ni siquiera Barcelona puede darte.

Los detractores aseguran que hasta que no logre ganar un Mundial seguirá siendo un jugador del montón. Algo que no es cierto por muchos motivos. Uno es la cantidad de grandísimos jugadores que nunca pudieron hacerlo (Di Stefano, Platini, Cruyff, Van Basten, etcétera, etcétera, etcétera), otra pasa por las estadísticas, los números, que avalan a Messi y lo ponen entre los mejores de la historia. Y la razón fundamental pasa por los ojos. Uno ve cosas que hace él, que nadie más puede hacerlas. Es el máximo exponente de velocidad y precisión que haya visto alguna vez jugando al fútbol.

¿Le faltan cosas?. No muchas. Y no hablo de títulos y goles, me refiero a terminar de madurar su fútbol, a elegir mejores opciones de pase, a no empecinarse tratando de gambetear, mejorar su pierna derecha, asistir más y mejor a sus compañeros. Pero tiene una gran ventaja. Cuando la pelota le llega a Messi sabemos que algo va a pasar. Tenemos la secreta esperanza de que pueda sorprendernos una vez más. Es distinto a Diego, es otra clase de jugador, otra persona, es menos tribunero y más práctico, es menos vistoso y más productivo, es más de play station, tiene menos potrero, menos maldad, es menos expresivo, menos carismático, menos líder, menos conventillero, menos ciclotímico, menos petardista. Pero se parecen en dos cosas fundamentales. Nadie puede jugar como ellos a la pelota. Y nacieron en la Argentina.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.