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Esta mañana desde que me desperté, me he propuesto que la gente me odie. Con esta decisión tomada, sólo me restaba elegir el camino para lograr mi objetivo. Podría hacerlo hablando de política, criticando a las mascotas o confesándoles que considero poco importante el sistema táctico de un equipo.

En realidad creo que hay dos tipos de jugadores: Los estáticos, que sólo se dedican a ocupar una posición en el campo, o como les gusta definirlos a los que “peinan canas”, los que cuidan su “quintita”. Y los elásticos, que tienen múltiples funciones. Ejemplo: La tarea de Marcelo en Brasil es atacar y defender, inicialmente en la banda izquierda. Pero al tratarse de un jugador superdotado técnica y físicamente, puede ser partícipe del juego en cualquier espacio de la cancha. ¿Esto lo lleva a desordenarse y muchas veces perder su marca?. Sin dudas, la transición entre ataque y defensa suele ser su punto más flojo y tiene dificultades en ese aspecto. Los riesgos de salir de su sector.

Podemos decir entonces que el equipo ideal es el que se “desordena” a la hora de atacar y se “ordena” cuando tiene que defender. Los técnicos, que no todos, pero la mayoría saben más de fútbol que cualquier de nosotros, hablan de un “desorden controlado”, de tener mecanismos para que ese movimiento de piezas no nos juegue en contra. El caso más emblemático para entender este concepto es Alemania. En los últimos años fueron escapando al orden y la estructura que los caracteriza para abrazar el caos en ofensiva.

¿O alguien podría decirme en qué posición juega Thomas Muller?. Aquel que nos bailó en el 0-4 del Mundial 2010 y que quizás volvamos a enfrentar en unos días. La respuesta es sencilla, se adapta, cambia. Va eligiendo los espacios libres o débiles del rival para atacarlo.

España es un caso distinto a Brasil o Alemania. Porque su libreto es más claro y hasta pareciera previsible. Para ellos tener la pelota es lo importante. Moverla y moverse es fundamental. Y su secreto, del que pocos hablan y del que nosotros carecemos, es la paciencia. Horas tocando y tocando esperando “ese” momento. Ese espacio, esa distracción del rival para poner el pase preciso y dejar a un jugador cara a cara con el arquero.

Y el caso que nos falta analizar es nada menos que Messi. Ese triste hombre que deambula por la cancha con la cabeza gacha cuando la pelota está lejos. Camina haciéndose el distraído y pensando, imaginando, tramando, mientras los demás miran embobados un pedazo de cuero que va y viene. Él está en otra cosa. O eso quiere que piensen los rivales. Cuando estos se descuidan ya picó, ya recibió, ya gambeteó y ya ejecutó. Tenía todo planeado mientras los demás ya lo habían olvidado.

Para terminar les diría que si alguna vez les toca ver a un equipo parado 4-4-2 o 4-3-3 cuando tiene la pelota y está atacando, cambien inmediatamente de canal o retírense del estadio. Si cada jugador sólo se dedica a ocupar su posición, ese partido está destinado al aburrimiento.

Como en la vida, en el fútbol se trata de intentar salir del lugar donde nos han puesto, ese que nos queda cómodo, el que ya conocemos. Para tratar de atacar o de cambiar o de vivir.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.