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El verano rosarino no es cualquier verano. El aire se hace espeso y la brisa desaparece. La sensación térmica puede superar cómodamente los 40 grados. Son las 9 de la mañana y el horario pico para el transporte público, de a poco va afloja su caudal. La gente va más lenta, ya sin tanto apuro como a la hora de llegar al trabajo. El colectivo 115 se acerca a la parada donde esperan Nahuel y su hijo Agustín. El nene mira y escucha atentamente como si estuviera a punto de viajar al espacio, será su primer viaje en micro. Está acostumbrado a pasear en auto pero esto es otra cosa. Nahuel sube con Agustín de la mano y tratando no llamar la atención. Lleva una gorra de visera, remera, bermudas y zapatillas. El pasaje no se altera pero algunos empiezan a mirarlo con extrañeza. Él le relata a su hijo los lugares por los que va pasando el colectivo, recuerda cuando jugaba en inferiores y lo corría para no llegar tarde al entrenamiento.

Un chico sentado dos filas más atrás no deja de mirarlo, le ve cara conocida. El pibe toma coraje y se acerca al asiento que ocupan Nahuel y su hijo: ¿Hola, discúlpame, vos sos el Patón? le dice. “Si loco, soy yo, cómo estás?” responde con una sonrisa. Los pasajeros que escuchan no lo pueden creer, varios empiezan a reconocerlo y acercarse. Guzmán saluda a todos, hace unas cuadras más, toma a Agustín de la mano y juntos se bajan del colectivo.

Para los que todavía no lo reconocieron se trata de Nahuel Guzmán, ex jugador de Newell’s y uno de los arqueros argentinos en el próximo mundial de Rusia. El mismo que estando de vacaciones en su Rosario natal, decidió llevar a su hijo para que vea como viaja el común de la gente. “El ambiente del fútbol es una burbuja. Te encierra. Te permite ver la realidad hasta ahí. Tal vez te da la posibilidad de vivir en un barrio privado, mandar a tus chicos a un colegio privado y no tener que caminar los barrios, no caminar por el centro. Eso te aleja de la realidad y te saca información”, afirma Nahuel preocupado por algo más que el partido del domingo.

Hace algunos años decidió incluir en sus guantes frases que reivindican la pelea de los Organismos de Derechos Humanos en la Argentina y es un hombre cercano a las Madres de Plaza de Mayo. En el club Tigres de México lo aman. No sólo por haber logrado cinco títulos, sino también por sentirlo cercano a una de las aficiones más fanáticas de ese país.

Siempre le gustó escribir pero recién el año pasado se animó a publicar uno de sus cuentos en el libro “Pelota de Trapo”, que tuvo a otro ex leproso, Sebastián Domínguez como impulsor. El personaje de su historia era un arquero que no coleccionaba atajadas memorables, ya que sólo tenía memoria para recordar los goles más lindos que le marcaron. A contramano de lo habitual. Hace algunos días todos hablaron de él. Primero por dejar de ser parte de la lista de 23 jugadores mundialistas que oficializó Jorge Sampaoli y un tiempo después por ser incluido debido a la lesión de Sergio Romero. Hoy es uno de los candidatos a llegar al arco de Boca.

Sus compañeros lo ven como una pieza fundamental dentro del plantel y no sólo por las veces que le toca estar en la cancha. Lo escuchan, lo consultan y lo respetan. “Es difícil el debate político en el ambiente del fútbol. Mucho más en la Selección, donde todos los chicos viven afuera” asegura el “Patón”.

Así es Nahuel Guzmán, un hombre que elige el camino menos cómodo para no traicionar su historia y sus convicciones.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.