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Imaginemos que debemos viajar un mes como mochileros. Con la ropa, la carpa y lo mínimo indispensable. Sólo lo que entre en la mochila. Podríamos empezar con un micro hasta un destino cercano, unos 600 o 700 kilómetros y a partir de allí hablaremos con uno u otro, haremos dedo cuando no haya otra opción y así iremos avanzando.

En el viaje pasarán miles de cosas. Subiremos a algunos autos, más o menos cómodos, camionetas de trabajo y quizás algún camión. Tomaremos lo que los demás tomen, agua, algún mate y trataremos de evitar el alcohol, sobre todo para que el que maneja pueda seguir haciéndolo. Quizás debamos acampar en el terreno de una casa, en una playa poco habitada o dormir en una estación de trenes. Nos prestarán alguna manta cuando haga falta, alguien nos invitará a comer o a dormir y tendremos una ducha de vez en cuando.

Lo que planeamos del viaje fue solamente el recorrido. Iremos del punto A al B, entre hoy y mañana y seguiremos avanzando en la medida de las posibilidades que nos dé el destino y el dinero con el que contamos. Supongamos también que este no es nuestro primer viaje, ya tenemos experiencia en el tema y esta nos permite contar con recursos para lograr nuestro objetivo. Confíamos en el gran poder de improvisación que nos caracteriza y estamos listos para amoldarnos y cambiar cuando haga falta. Entonces tenemos: poco planeación y mucho por descubrir. Experiencia y algo de dinero. Un buen poder de improvisación y ganas de experimentar e ir cambiando sobre la marcha.

Así llegamos a Rusia. Con una expectativa alta y una realidad incierta. Dejando que la competencia nos vaya sorprendiendo. Sin tener muchas certezas y con algunos problemas en casa que nos hicieron agarrar la mochila y salir al mundo. Los once titulares están medianamente claros para los muy futboleros. Para el que no ve fútbol demasiado seguido, habrá que contarle quien es Lanzini y donde juega. Es un equipo casi sin rodaje y que imagino se va a ir modificando sobre la marcha. Lo que funcionaba el Mundial pasado, como la dupla Biglia-Mascherano o la línea defensiva o la seguridad que daba el arquero, ya no están. Lo probado, pisado.

La cuestión organizativa previa a la Copa fue espantosa. Entrenamientos abiertos con cambios de escenario constante, amistosos incómodos y suspendidos y visitas frustradas. Si los jugadores logran olvidarse de todo eso, uno imagina que dentro del Mundial deberían ser menos caóticas las cuestiones organizativas. O quizás sea sólo un deseo. Desde la mirada objetiva, es preciso entender que Argentina llega con mucha desventaja a comparación de Brasil, España, Alemania o Francia pero que aún con todos estos problemas a cuestas debería ganarles al resto de las selecciones. Por una cuestión de peso individual, de historia y por Messi.

Y llegamos al punto sensible de siempre: Messi. El Mundial de Brasil nos dedicamos a defender todos para que Leo nos salve. Tratar de aguantar el cero en nuestro arco y esperar su inspiración divina. Esta vez creo que el plan es otro, por lo menos en la previa. Rodearlo con los que lo hacen sentir más cómodo, con los que pueda asociarse para que no esté tan sólo. Esto implica arriesgar en el fondo y quedar expuestos al palo y palo. Algo que servirá contra los más débiles y nos dejará desnudos contra las potencias. Creo que si Argentina intenta ganar el Mundial por nocaut, va a perder en cuartos de final. No está aceitada para matarse a golpes con ninguno de los pesados. La chance está en trabajar la pelea, en elegir el momento, en tener paciencia y ser inteligente.

No es el fútbol que más me gusta, ni el que quisiera para la selección de mi país pero llegamos hasta acá a los tumbos y dando el peso con lo justo.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.