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“Tantas veces me mataron. Tantas veces me morí. Sin embargo estoy aquí resucitando.
Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal. Y seguí cantando…”. Fragmento de “Como la cigarra” de María Elena Walsh, interpretada tantas veces por Mercedes Sosa.

 No somos expertos en economía y está a la vista. Tampoco sabemos todo lo que creemos saber de fútbol y los resultados lo demuestran. El orden no es nuestro fuerte, nos cuesta seguir las reglas. La religión se nos escapa en la primera esquina insultando a algún otro automovilista. Pero si de algo sabemos, aunque no sea motivo para golpearse el pecho y ponerse orgulloso, es de crisis.

 El mar calmo es para otros, lo nuestro son las olas. Y andar surfeando, subiendo y bajando, tratando de que el equilibrio y el destino no dejen que nos terminemos cayendo. Así viene este arranque de Mundial. Instalados en una situación que parecía irreversible y que terminó con final feliz.

 En dos semanas nos ocupamos de devaluar a Messi, de hacer transcender audios privados o de dudosa veracidad, de crear memes destructivos, de echar a Sampaoli, de humillar a Caballero y de retirar a Mascherano. Marcos Rojo cerró parte de una herida abierta. Que no nos afecta directamente a los hinchas pero si a los jugadores.

 Esos tipos que, golpeados y juzgados por cualquiera, salieron a morder y a llevarse por delante a Nigeria. Porque lo primero que hay que entender de esta victoria es que fue cimentada desde lo anímico y desde la entrega. Puro huevo, con chispazos de fútbol y con apariciones aisladas. Personalmente creo que los jugadores también tienen parte de culpa en este quilombo llamado AFA o Selección o ambas. Debieron involucrarse más en cuestiones políticas y organizativas, participar, hablar, mostrarse más cerca y comprometidos con lo que ocurría. Aunque sin dudas no son los principales responsables.

 Sus decisiones futbolísticas y de técnicos me parecen absolutamente válidas y atinadas, aún cuando se haya fallado. La mayoría del periodismo masivo acusa a los jugadores de amiguismos y rebeldías. De que Messi maneja el vestuario. Pregúntenle a una persona que trabaja veinte años en el mismo lugar si opina sobre manejos internos, si no decide con quien juntarse a tomar mates o donde pedir el almuerzo.

 Lo quieren sumiso pero arengando compañeros. Participativo pero sin cometer errores. Decisivo en los metros finales pero colaborando en defensa. De nadie se puede pretender tanto. Messi es Messi, con lo bueno y lo malo, con momentos de cagazo y otros de heroísmo como cualquier ser humano. Aunque con una genialidad que lo distingue.

 Recuerdo un monólogo de Tato Bores donde contaba de forma tristemente-cómica algunos fragmentos de treinta años de la vida de la Argentina. Nombraba presidentes, gobiernos de facto, ministros de economía, devaluaciones y demás protagonistas que fueron erosionando nuestro país: “…No creo que nos merezcamos esta historia, esto lo dice mi libretista Santiago Varela. Yo no estoy tan seguro, un cacho de culpa tenemos también” decía el conductor.

 Cada cual tendrá su porción y se hará cargo de sus migas pero todos somos parte de la misma torta.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.