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Chiqui llegó a casa cabizbajo. Su familia lo abrazó apenas cruzó la puerta. Se habían juntado todos para darle la bienvenida. Sonrisas amplías y cara de “ya pasó lo peor” para contenerlo. Es cierto que había recibido los aplausos de sus colegas al bajar del avión, pero estos eran más sinceros, menos forzados. Los otros tenían a un tipo pelado que, como los productores de televisión, les indicaba el momento para arengar al resto del público.

A la mañana siguiente se levantó pensativo, su gesto era otro. Pasó de la preocupación a la acción y eso lo hacía sentirse mejor. Una idea merodeaba su cabeza desde el minuto 67 del partido con Francia. Ese instante exacto donde supo que todo había terminado y donde detectó que el mejor técnico del mundo había dejado de ser pelado, petiso y parecido a Muscari.

“Hola Tano querido, cómo andas?. Cómo encontraste la casa, la familia, todos bien?. Mira, estuve pensando y creo que tengo una idea. Es el momento de un cambio radical, de un golpe de efecto que nos saque esta mala onda. Necesitamos algo groso de verdad. Una revolución que abarque todo el fútbol de la Argentina”, graba Chiqui en un audio de whatsapp mientras su mujer calienta el agua para revivir el mate gastado de la mañana.

El sonido del mensaje entrante le calienta la sangre, lo deja estático por un momento pero reacciona y aprieta play: “Qué haces Chiqui, miraaá por casa estamos todos bien. Tuve un quilombo con el perro que tendría que haberlo llevado al veterinario anoche y se me pasó y mi jermu no me habla, pero nada grave. Lo que más me preocupa es lo tuyo, en qué quilombo nos vas a meter ahora?. Te dije que este pelado era puro humo, pensá bien lo que me vas a decir”, contesta el Tano con tono amenazante.

Chiqui se pone tenso y se queda estático. Su esposa le alcanza un mate y lo toma sin despegar los ojos del chat del teléfono. Pasan miles de imágenes por su cabeza, en casi todas está el Tano diciendo: “Ya te lo dije” o “dejá de hacer cagadas” o “dejá de darle bola a Hugo que nos va a hundir a todos”.

Hasta que toma valor y aprieta su dedo gigante en la pantalla y graba: “Tenemos que traer a Pep, cueste lo que cueste. De algún lugar saldrá la guita, se la pedimos a Marcelo o a Mauricio o algún otro amigo tuyo. Pero no quiero más técnicos pedorros, vamos a buscar al mejor”. Pasan algunos segundos hasta que llega la respuesta del Tano: “Mirá gordo, sabés lo que te quiero. Yo te banqué cuando nadie te bancaba. Te acordás el día del 38 a 38?. Yo también me acuerdo, hice de todo para que llegues a donde llegaste. Rompiste con traer al pelado este y también te seguí. Pero esto ya es mucho. Me voy que todavía me falta conseguir un par de refuerzos. Abrazo”.

Silencio, el mundo sigue pero Chiqui quedó inmóvil. Su esposa escucha todo aunque todavía no lo mira. Llega otro mensaje con un número larguísimo. Empieza con 00 +44 +161. No sabe bien como agendarlo, así que empieza a apretarlo sin parar hasta que aparece una opción para llamar y lo hace.

Suena dos o tres veces y le tiembla la mano. Atienden:

Pep: Hola.

Chiqui: Hola Pep?

Pep: Si, perdón. Nos conocemos?

Chiqui: Todavía no, pero vos vas a ser mi técnico.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.