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Cristian está solo en la camilla mirando el techo. Es febrero pero su cuerpo tiembla como una hoja. El frío que te sube por las piernas es más cercano al miedo y la ansiedad que a la temperatura. Cada tanto alguno de los enfermeros que pasa te ofrece una frazada o te hace algún comentario para que no te sientas tan abandonado. Tiene 32 años y ya es un veterano en el fútbol aunque sea un pibe para la vida. Alguna vez fue uno de los mejores laterales de la Argentina, eso lo catapultó a River y a la Selección. Ahora profesa el perfil bajo y solamente los periodistas especializados en su equipo hablan de él.

Esa semana fue noticia porque había decidido ser donante de médula de su hermano, Gonzalo Villagra de 24 años, que padece leucemia. A pesar de haber jugado ante miles de personas todos los domingos, de ser protagonista en Superclásicos o Central-Ñuls, nada se compara con este momento. El miedo lo tiene paralizado y no es por su cuerpo, sino más bien por cómo terminará esta historia que se abrió un día cuando su hermano los sentó a todos en casa de mamá y les dijo: “Tengo que contarles algo..”, con cara de que ese algo era muy malo para toda la familia.

Esa misma noche “Kity” empezó a mandar mensajes a los médicos con los que tenía más confianza de su paso por Central y River, a preguntarles qué posibilidades había de que Gonzalo se cure y fue atravesando esa montaña rusa que uno vive ante una gran enfermedad. Días en los que hay esperanzas y los estudios dan bien y momentos donde parece no haber chances de un final feliz. Después de tres o cuatro meses de exámenes se detectó que Cristian era el único familiar apto para ser donante. Enseguida habló con los dirigentes de Atlético Tucumán, club en el que juega actualmente, y les pidió tiempo, todo el que necesitara para dedicarse a lo que lo conmovía, la salud de su hermano.

Dos o tres días después ya estaba acá. Con frío, casi desnudo y con unos nervios que le traspasaban el cuerpo. Mientras escuchaba que del otro lado de esa puerta vaivén los médicos hablaban de temas intrascendentes al mismo tiempo que operaban a otro pobre muchacho. “Si todo sale bien, Gonza se recupera y en quince días estoy entrenando”, pensaba Cristian para tratar de aferrarse a su costado positivo. Hasta se animaba a imaginarse a su hermano en la cancha cuando él volviera a jugar.

Pero la vida tiene otros planes y a pesar de que el trasplante fuera exitoso, algunos meses después la leucemia terminó con la vida de Gonzalo.

Aunque ninguno de estos momentos tan trascendentes para la vida de una familia pasan por pasar. Todos dejan algo. Un dolor profundo, de ese que te paraliza y una enseñanza y un replanteo de valores que te hacen empezar a vivir otra vida. Una vida más conectada con lo verdaderamente importante, que no son ni el dinero, ni la pelota.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.