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Desde el regreso de los torneos “largos” a la Argentina algunas cosas han cambiado en el fútbol nacional. Lo que Grondona nos dejó, no se trata sólo de un título que podría tener un espectáculo de revista de Artaza y Cherutti en calle Corrientes, sino también de otra concepción de la distribución de los que ganan.

Los últimos 13 campeonatos cortos tuvieron 11 campeones distintos. En ese período, que va desde el Apertura 2009 hasta el Torneo Transición 2015, sólo se repitieron dos ganadores: Boca y Vélez, con dos títulos cada uno. Redistribución a pleno. Entre los que se consagraron estuvieron Banfield, Argentinos, Estudiantes, Newell’s y Lanús, varios de los no considerados poderosos de nuestro fútbol. Dos de los grandes legados de Don Julio fueron muchos de estos dirigentes, hijos de su gestión y apadrinados por él mismo. Además del impresentable ascenso masivo, que llevó los participantes de Primera División de veinte a treinta equipos. Demagogia y alegría efímera para todos.

Foto Maxi Failla

Si algo bueno puede destacarse de un proceso muy nocivo para la AFA, como fueron los treinta y cinco años de grondonismo, es la sensación de que cualquiera podía ser campeón. Las 19 fechas de los campeonatos hacían que una buena racha, con los grandes ocupados jugando copas, abriera puertas a los de menor presupuesto. Sin olvidarse de un detalle, el descenso de River e Independiente, dos de los grandes que todavía no habían conocido el ascenso. No solamente se desarmó ese formato, sino que además se lo cambio por uno que todavía padecemos. La pesada herencia nos dejó con demasiados equipos para una Liga “normal”, donde juegan todos contra todos de local y visitante y consagran a un gran campeón al año.

Los últimos torneos son un hibrido entre largos y cortos. Tienen veintipico de fechas y solo parecen tener dos objetivos, que Boca se consagre campeón y que desciendan más de los que ascienden, para llegar al número mágico de veintidós, que permitiría acomodar la Primera División en tiempo y forma de competencia. De los últimos cuatro torneos el equipo de la Ribera ganó tres y con una ventaja sobre sus perseguidores que lo ubican claramente en un fútbol que le queda chico. La cantidad excesiva de equipos atenta contra el nivel de juego y les da ventaja a los grandes. Pero, ¿por qué sólo Boca pudo aprovechar esta ventaja?. Son diversas las razones, aunque la cuestión fundamental pasa por el poderío económico y político. El equipo de Angelici tiene dos planteles de primera línea y algunas cuestiones extra futbolísticas que también acomodan detalles cuando hace falta. Esto sumado a las consagraciones de River, en la segunda competencia en importancia, la Copa Argentina. Donde los de Gallardo también ganaron tres de los últimos cuatro títulos. Como para asegurarse que si hay un duelo de campeones, un torneo de verano o un re-campeón, siempre se trate de un Superclásico.

Los torneos “largos” no trajeron proyectos a largo plazo, ni más tolerancia a la hora de decidir la continuidad de un entrenador, ni siquiera equipos que arriesgan teniendo en cuenta que una o dos derrotas podrían no cambiar la ecuación. Lo único que lograron fue alargar la brecha entre ricos y pobres. Que los poderosos resulten cada vez más inalcanzables. Y que los chicos se conformen con clasificar alguna vez a una Copa Sudamericana.

La clase media trabajadora (Vélez, Estudiantes, Lanús, Newell’s) ahora aspira a gastar poco y lograr contratar algún jugador a préstamo que descarten los de arriba. Sin perder la ilusión de ganar el clásico y que alguna figura gastada de Europa, venga a alegrarles unos meses y hacerle menos dura la agonía.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.