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Sabía que tenía que tomar el Roca y después de bajarme en la estación de Varela, buscar un colectivo que llevaba anotado en un papelito y que pasaba por la puerta de la cancha. El tren lo tomaba todos los días para ir a trabajar, así que ni los ruidos, ni las detenciones eternas, me iban a sorprender. El bondi era todo un misterio, no sabía ni siquiera donde estaba la parada.

Y así salí de casa, con una mochila donde llevaba un cuaderno con miles de datos en sus hojas. Tenía la alineación de Defensa y Justicia y también la de Aldosivi. No era mi primera transmisión radial pero si una de las que más se iba a sostener en el tiempo. También tenía una radio chiquita que con suerte podría sintonizar nuestra FM y así usarla como retorno durante el juego. El partido era 15.30 y recuerdo que salí cerca de las 12. Nunca me gustó llegar tarde y mucho menos a un debut. El tren hacía demasiado ruido para poder escuchar la radio y prefería estar alerta por cuestiones de seguridad y de logística (no podía pasarme de Varela). Bajé y fui a preguntar hasta un kiosco que estaba frente a la estación. Allí me indicaron la parada y me puse en la fila. Después de unos minutos llegó el colectivo y me subí. Apenas lo hice le pregunté al chofer si iba hasta la cancha del Defe y me dijo que sí.

Ya no había asientos así que fui parado, mirando atentamente el camino y tratando de recordar alguna referencia para el próximo viaje. Me bajé donde dos hombres y un nene de camiseta amarilla y verde tocaron el timbre. Caminé detrás de ellos para sentirme un poco más acompañado y no perderme. Cuando se detuvieron en la esquina a comer un paty, seguí derecho a la espalda de la tribuna que tenía más gente. Al rato llegaron los otros integrantes de la transmisión, nuestra productora fue hasta una ventanilla y retiró unos cartoncitos que eran las acreditaciones para todo el torneo y nos las repartió a cada uno de nosotros.

Cuando crucé la reja, recuerdo que lo que más me gustó fue que hubiera pasto en todo el camino entre tribunas. Pero no tierra eh, pasto de ese silvestre, esos repollitos chiquitos que crecen solamente donde no pisa demasiado la gente.

Había sol y la cancha tenía ese reflejo que te hace entreabrir los ojos y que extrañas sin saber explicarlo cuando no lo tenes. Subimos por una escalera de hierro un poco oxidada y llegamos a una cabina de transmisión de madera y chapa. Después de un rato de pasar cables y probar líneas telefónicas, el encargado de prensa del club nos trajo unos sándwiches de miga y unos vasos de cumpleaños con una gaseosa cola de segunda marca.

Todo era hermosamente austero, se notaba que había esfuerzo y llegaban con lo justo. Como esa familia del interior que te abre la puerta y te invita a cenar y no hay lujo por ningún lado pero la cena es inolvidable. Desde ese momento y hasta que me fui, siempre quise que a Defensa y Justicia le vaya bien. El estadio no tenía luz artificial que permitiera jugar de noche, lo cual era una ventaja, ya que no tendría que viajar en un horario más difícil. Solo había energía eléctrica del lado de los vestuarios, por eso en el otro lateral, donde estaban las cabinas, en invierno terminábamos los comentarios casi a oscuras. La vuelta a casa no me preocupaba tanto, siempre alguien en auto te acercaba a la estación o al cruce Varela, desde donde podía volver más fácil a Berazategui.

Ese año Defensa jugó la promoción para no descender a la B Metropolitana con Morón y se salvó milagrosamente con dos goles sobre el final del partido definitorio. De esa manera se aseguró otro año en la B Nacional, una categoría de la que participo casi toda su vida. Los días que le tocaba jugar en el interior sólo viajaba el relator y los demás íbamos a la radio para hacer los estudios centrales. Sin internet. Sin Whats Apps. Robando goles de otras radios para decirlos al aire lo más rápido posible.

Hoy el Norberto “Tito” Tomaghello es un estadio totalmente renovado, de cemento, con cabinas de transmisión y vestuarios acordes a la Primera División. Con un equipo competitivo que puede jugar de igual a igual con los grandes de nuestro fútbol. Aunque cada vez que lo veo por televisión sigo recordando ese pasto brilloso, esas tardes con la radio y aquellos sándwiches de miga.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.