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Estoy sentado arriba de una mesa y es verano. En todos mis sueños lindos hace calor y puedo estar en short y remera. No es mi casa pero me comporto como si lo fuera. Sé muy bien donde está cada cosa, llevo actitud de anfitrión.

Preparo dos sándwiches muy completos, con la lechuga y el tomate saliendo del pan. Le pongo mayonesa en cantidad, a pesar de que no me gustan con tanto aderezo. Cierro el primero y lo comparto con la persona que está a mi lado. Le entro fuerte con el primer mordisco y lo miro cómplice con la boca llena. Tengo muchas ganas de charlar con él pero el sándwich es demasiado tentador como para no arrancar a comer.

Quien me acompaña en mi sueño recurrente es Maradona. Así como lo escuchan, Diego viene a merendar a la casa de mis sueños cada vez que lo trae el pensamiento. Nunca supe bien de que hablábamos, lo que me daba la sensación es que él volvía a ser terrenal. Dejaba los lujos y las cámaras y charlábamos y nos reíamos juntos. Surgían temas, como con cualquier otro amigo, y la charla iría del fútbol al cine y de ahí a las parejas o la familia y pasaba el tiempo sin darnos cuenta.

El momento no tiene final, se corta abruptamente con la alarma del celular y se reanuda un mes o dos después, cuando mis sueños lo necesitan. Y hace que me despierte feliz, como si realmente hubiera ocurrido el encuentro.

En Sinaloa todavía se juega al Ulama. El primer juego de pelota del mundo, creado por los mallas cerca del año 1.600 antes de Cristo. Una especie de vóley sin red de por medio, donde se debe golpear la pelota sólo con la cadera. Es también el estado agrícola más importante de México. Entre sus principales productos se destacan pepino, tomate, calabaza, berenjena, legumbres, mango, melón, sandía, maíz, fríjol, arroz, trigo, papa y sorgo. Siete de cada diez tortillas consumidas en el país, se elaboran con granos producidos en Sinaloa.

Un lugar hermoso, si no fuera por los mil seiscientos asesinatos narcos del año pasado y los más de seiscientos en lo que va de 2018. Las dos formas más sencillas de lavar el dinero sucio de las drogas son el juego y el fútbol. Por esto en 2003, fundaron Dorados de Sinaloa. Un club que un año después de su creación, ya estaba jugando en Primera División. Por allí pasaron estrellas como Pep Guardiola (como jugador), “Loco” Abreu, Cuauhtémoc Blanco y Diego Latorre. En 2017 regresa a la Segunda División del Fútbol Mexicano, donde milita actualmente.

Ya sin grandes figuras, Maradona llega a un equipo sospechado de sobornos y en una categoría totalmente desconocida para el futbolero medio. De la mano de Jorge Hank Rhon (fundador del Grupo Calientes), con un prontuario tremendo y dueño de los cientos de casinos de Sinaloa y con Christian Grabarnik (representante argentino), como nexo, el “diez” vive una nueva aventura futbolera. La televisión lo sigue en cada uno de sus gestos, hasta en la más mínima reacción de lo que pasa adentro de la cancha. Lo caricaturiza en la victoria y lo aniquila en la derrota. Como cuando le tocaba jugar.

Esta noche espero encontrarme con Diego. Quiero escucharlo, saber cómo está. Que me cuente de cuando era feliz. Y comer un sándwich juntos, metiéndonos los dedos hasta las muelas para destrabar ese pedacito de pan francés que se quedó atorado. Y charlar, mientras va pasando la tarde.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.