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– “¿Y qué carajo es Rascafría?. Suena horrible, ¿a quién se le ocurrió ese nombre?”, dice Rubén con la cara fruncida, rascándose los pocos pelos que le quedan.

-“Es el pueblo donde vive la tía Margarita. Queda a ochenta kilómetros de Madrid. Te va a encantar”, responde Mabel con una sonrisa enorme.

Rubén: “Pero a mí me encanta acá”.

Mabel: “A qué te vas a quedar acá. A cagarte de hambre, a estar cada vez peor, a qué las cosas no cambien nunca. Vos sos el primero que putea a este bendito país todos los días”.

R: “Yo no puteo al país, yo puteo a los que lo habitan”.

M: “Es lo mismo Rubén, te la pasas despotricando contra los políticos, contra el tránsito, contra los piquetes, contra todos”.

R: “Pero a mí me gusta putear. Y además allá también voy a putear. Y va a ser peor, porque voy a putear a los de acá y a los de allá. Voy a tener doble laburo.”

M: “Pensá en los chicos querés, no seas tan egoísta”.

R: “Yo pienso en los chicos. No quiero que vivan rodeados de un montón de gallegos de los que se tienen que hacer amigos si o si, porque sus amigos de verdad viven a doce mil kilómetros”.

M: “Son diez mil. Y se van a hacer amigos enseguida y visitarán a los otros cuando podamos volver”.

R: “Yo crecí con mis amigos, tengo cuatro amigos. Si no hubiéramos crecido juntos no serían mis amigos. Y no voy a poder volver todos los lunes para verlos, para hablar horas de temas que no le importan a nadie más que a nosotros y pensar que el mundo es un poco más lindo después de estar con ellos”.

M: “No empecés con la melancolía Rubén, vos también vas a hacer amigos”.

Se hace un silencio prolongado, solamente se escucha algún pájaro y el paso de los autos que llega desde la calle.

R: “¿Y el auto?. ¿Lo vamos a vender?”.

M: “De eso se ocupa tu papá, él lo publica, lo vende y después nos manda la plata. Con esa plata y algo que ahorremos, nos compramos un auto 2015 mucho más lindo. La tía Margarita tiene uno que podes usar hasta que se venda el tuyo”.

R: “Yo quiero mi auto, no el auto de tu tía. Tiene un auto chino, chiquito, de esos para gente que mide un metro cincuenta y pesa sesenta kilos. Ahorré cinco años todos los días para comprarlo”.

M: “Lo del auto está solucionado. Allá vamos a vivir mejor, vas a ganar más plata, no hay inseguridad, los chicos pueden andar en bicicleta por la calle, vamos a tener salud, educación”.

R: “Vamos a tener todo menos lo importante”.

M: “¿Y qué es lo importante para vos?”

Rubén respira hondo. Sabe que no puede fallar en esta respuesta. El orden en el que enumere sus prioridades debe ser el adecuado, de lo contrario, el conflicto se agravará y será una batalla perdida.

-“La familia, los amigos y Platense”, responde y sostiene la mirada para que quede claro que no tiene dudas al respecto.

Mabel lo mira con una mezcla de compasión e indignación. “¿Vos me estás jodiendo?”, suelta con una mueca de sonrisa contenida.

-“¿Te acordás por qué no fui al primero de tus cumpleaños cuando éramos novios?”, dice Rubén buscando el salvataje de la memoria emotiva.

-“¿Cómo no me voy a acordar?. Te fuiste a ver a Platense a no sé qué cancha de morondanga”, responde Mabel con los ojos inyectados en sangre como si el acontecimiento hubiese sido ayer.

-“En eso vamos a coincidir, era un estadio que daba lástima. Pero jugábamos el clásico con Argentinos y estábamos por descender, era fundamental ese partido”, acota el hombre conteniendo las ganas de contar el resultado, los goleadores y algunas otras incidencias de ese día.

-“Ustedes siempre están por descender. Allá vas a poder ir a ver al Real Madrid o al Barcelona, vas a sufrir menos”, responde Mabel tratando de consolarlo.

-“Si quisiera sufrir menos me haría de Boca como tu papá y listo. Y me ahorro una mudanza y una fortuna en pasajes. Yo soy de Platense, porque mi viejo me hizo hincha del Calamar y voy con los nenes a la cancha para que ellos también lo sean”, contesta Rubén con la voz entrecortada.

-“No puedo creer la charla que estamos teniendo. Supongo que vas a recapacitar y a elegir lo verdaderamente importante para tu familia”. Mabel ya está colmando su paciencia, las explicaciones que no llegan desde la razón la sacan de quicio.

-“¿Sabés qué pasa Mabel?. Voy a extrañar hasta lo malo cuando esté lejos. Y prefiero sufrir acá con los que quiero, mirándolos a los ojos, tomando un mate, armando la pelopincho y llenándola de pibes, sabiendo que les pasa a mis viejos, yendo a la cancha a ver a un equipo que patea la pelota para arriba pero que es el mío, antes que ser un tipo exitoso en un país por el que no siento nada. Así de simple soy o de mediocre o de las dos cosas.”

Rubén se levanta de la reposera y va para adentro con el mate en la mano. El sol se va escondiendo y la sombra cubre todo el patio. Mabel se queda pensando con la mirada perdida. Después de un rato pliega las reposeras, junta el termo y los bizcochitos, y se va calzando las ojotas mientras camina para la cocina.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.