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-“¿Se puede amar a alguien a pesar de no recibir nada de su parte?”, pregunta Santiago sin levantar la vista del diario.

-“Mmm yo creo que sí. Sino mirame a mí, que pasan los años y cada día te amo más”, responde Isabel cebando el primer mate de la tarde con el agua apenas calentita para que no se queme la yerba.

Santiago deja caer los lentes por la nariz y levanta los ojos para mirar a la mujer sin el cristal, con las retinas con las que la mira desde esa primera vez en aquel baile de carnaval de hace cincuenta años. “Eso no sé si fue un elogio o una crítica. Por un lado me decís que me amas y por otro que no te doy nada”.

-“Es como la vida viejo. Un mimo y una cachetada. Nadie tiene sólo alegrías, siempre hay disgustos, todo depende de que parte del vaso quieras ver”, asegura la señora con la simpleza que le dan los años.

El hombre piensa, su vista sigue en el suplemento de deportes del diario El Día, pero su mente viaja hacia atrás, repasando momentos y sacando cuentas. Hace un balance que le da negativo. “No sé si será que me levanté cruzado hoy, o que todavía no me diste ni un mate, pero creo que en al reparto de alegrías, vos y yo, llegamos tarde”, afirma mientras va levantando la vista en busca de una respuesta.

-“Mirá Negro, tenemos una historia hermosa juntos, pudimos viajar, conocimos gente, lugares maravillosos, construimos la casa, tenemos un autito, estamos rodeados de amigos, los vecinos nos quieren, no se a que te referís”, dice Isabel mientras hace lugar en la mesa para acomodar la agarradera debajo de la pava.

-“Esa es la parte linda pero no me refiero a eso”. Santiago juega al misterio, no da indicios de para donde quiere ir.

-“¿Entonces estás hablando de los hijos?. Todavía seguís con eso viejo, hace cuarenta años que lo resolvimos, no podemos estar volviendo al pasado justo ahora. Ya estamos grandes. No tuvimos  hijos, dolió, fue difícil pero ya pasó”, contesta la mujer con gesto de fastidio.

-“No vieja, lo de los hijos ya pasó. Yo lo acepté así y te diría que a esta altura lo tengo asumido. Además estamos rodeados de pibes que nos quieren como si fuéramos sus padres o sus abuelos. O más todavía, porque hay padres a los que mejor perderlos que encontrarlos. Con nosotros no tienen obligación de parentesco y sin embargo nos llaman y se preocupan y vienen a comer y todo eso”.

Isabel tiene la mirada perdida en la ventana. Respira profundo y escupe su desconcierto: “La verdad no entiendo nada entonces. Si nada de eso te preocupa y somos felices y tenemos la vida que queremos, ¿qué cosa te da tantos disgustos?”.

-“Así como lo decís suena horrible, no es que sólo me da disgustos, es que tengo que armarme de coraje para quererlo. Lo amo desde lo más profundo de mi ser, pero una alegría cada tanto che, que necesidad de sufrir como un loco”, dice Santiago soltando el aire y bajando los hombros como si se hubiese sacado una mochila que cargaba desde que empezó el día.

-“Ahhh por ahí venía a cosa. Ahora me cierra todo. Hoy es lunes, ayer perdió Gimnasia y a eso se debe la cara que llevas puesta”, Isabel se ríe, un poco por haber entendido la frustración de su marido y otro poco porque sabe que no se trata de nada grave.

-“¿Vos amas a Gimnasia?”, pregunta el hombre aún sabiendo la respuesta.

-“Profundamente. El Lobo es el lugar donde crecimos, es el lugar donde vamos todos los días, es los domingos en la cancha, es lo que nos unió cuando la vida se nos hacía complicada”, se le llenan los ojos de lágrimas, aunque no tiene planeado llorar. La mujer aprieta los parpados y sabe que la emoción llega sólo hasta ese punto.

-“Claro, visto así cualquiera puede amar. Yo te hablo de lo deportivo, de la alegría de un campeonato, de los títulos, esas son las que me dan bronca”. Santiago se siente culpable, no tiene permitido dejar de amar al club de sus amores pero le da bronca lo que no puede manejar, el azar, la mala suerte, las oportunidades perdidas.

-“Vos estás dolido, pero amas con locura a Gimnasia. Igual que yo. Y el amor duele. Te hubiese gustado enamorarte de la más linda del colegio y te terminaste enamorando de mi. ¿Vos crees que hubieses sido más feliz con Elvira Acosta?”, Isabel tiene el partido dominado, sabe que no se le puede escapar.

-“Ni loco, yo te elijo a vos todas las veces que vuelva a nacer”. Santiago pasa de la tristeza a la sensibilidad y ese pequeño cambio le va mejorando el ánimo.

-“Lo mismo te pasa con Gimnasia, lo volverías a elegir mil veces, porque Gimnasia es tu vida. Y te hace feliz a su manera, con pocas alegrías futboleras pero muchas de las otras, de las grandes. Llenándote de amigos, de momentos, de asados y de anécdotas”

El hombre empieza a dibujar una sonrisa muy de a poco, como si estuviera repasando las caras de todos los que fueron parte de su vida en el club. Los que se fueron y los que siguen estando. Sin importar los jugadores y las derrotas, Santiago se refugia en Gimnasia para ser feliz y lo logra cada uno de sus días.

Este es un pequeño homenaje a Santiago Dalto e Isabel Pertierra, socios e integrantes de la Comisión de Vitalicios de Gimnasia y Esgrima La Plata. En un gesto inédito en el mundo, el matrimonio que no tuvo hijos, decidió hacer un testamento donando todos sus bienes al club de sus amores. Pusieron una sola condición, que las ganancias se destinen al fútbol formativo del club, que la ayuda vaya a parar a los pibes que ellos no tuvieron y que ni siquiera van a ver debutar en primera.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.