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Lo primero que se me ocurre para abordar el tema de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) son miles de preguntas y una sola certeza. Aquello que resulta un gran acuerdo para el privado, con una adecuada administración, también podría serlo para las asociaciones sin fines de lucro. Es decir, si tuviésemos una empresa estatal de telefonía y esta se manejara sin gastar más de lo que sus ingresos le permiten y con transparencia, estaríamos hablando de un buen negocio para nuestro país.

Ustedes me van a decir que esto en algún momento existió y no dio buenos resultados y mejoró una vez privatizado. Tienen razón en una parte de esta afirmación, pero se está omitiendo la correcta administración y la transparencia necesarias para el correcto desarrollo.

La cuestión fundamental para el Gobierno, impulsor de la ley de SAD, es demostrar que los clubes son deficitarios, inviables, poco competitivos y sumamente corruptos. Ese es el mejor argumento para generar el terreno y así lleguen los capitales externos (amigos, cercanos o conocidos) y se hagan cargo de la administración.

Mientras peor esté el club, mejor. Mientras más corruptos e incapaces sean sus dirigentes, mejor. Y sobre todo y fundamentalmente, mientras más fracasos futbolísticos tengan, todo será más sencillo. Casi como un reflejo de lo que pasa a nivel nacional o provincial o municipal. Si la gestión del actual dirigente es un éxito, mis intentos por quedarme con su lugar serán un fracaso. Como ese arquero suplente que sufre años al titular, que no se enferma, ni se lesiona, ni se come goles y su estadía en el banco podría ser eterna. Solo le quedan dos caminos: intentar derribar a su oponente desprestigiándolo o buscarse otro club.

Actualmente en Argentina hay casos de instituciones que cuentan con un gerenciamiento solapado. Talleres y el grupo mexicano Pachuca, son el caso de mayor relevancia. En estos últimos años el equipo cordobés ha recuperado un lugar en Primera División gracias a las inversiones extranjeras. Este grupo anunció que se irá del país una vez finalizado este año y los de Barrio Jardín, en deuda eterna por haber vendido el alma al diablo, deberán darle el 75% de la venta de juveniles durante los próximos seis años. De esa forma los mexicanos se aseguran recuperar el dinero que invirtieron desde su llegada. La pregunta es, ¿cómo podrá Talleres sobrevivir sin el respirador del gerenciamiento y sin el ingreso de sus futuras ventas?. Parece desactivada la posibilidad de gestión sin manejo externo con estas condiciones, por lo que deberá buscar otros empresarios a los que les pague con recursos o tierras o les sirva de vidriera, para no regresar a sus peores épocas.

Lo que queda claro hasta el momento, por casos como Racing o Talleres, es que el gerenciamiento es un salvataje, una primavera, una oportunidad para gente con ambiciones políticas y/o económicas de comprar un nombre y un prestigio que no están en venta, para sacar el mayor rédito posible y huir, no sin antes, asegurarse recuperar el dinero invertido.

El caso Racing tuvo más repercusión que los demás por tratarse de un club muy popular y al que vaciaron cada uno de los últimos presidentes anteriores a la llegada de Blanquiceleste S.A. Allí la salida del gerenciamiento fue traumática pero tuvo final feliz. Evidentemente, el tiempo demostró que la Academia era un club que correctamente administrado, podía no sólo sobrevivir, sino también sostener una estructura que incluye cada día más deportes amateurs, de esos que cierran los empresarios cuando dan pérdida.

Algunas de las cuestiones fundamentales que debemos entender como hinchas, es que el club es de los socios. Lo ideal es pagar la cuota, participar y ocuparse de la parte que nos corresponde. Sin darle toda la importancia a los resultados y llevando el foco hacía algo más global. No solamente reaccionar cuando el equipo pierde y hacerlo por cuestiones más trascendentes en la vida institucional.

Es cierto que no todos tienen la posibilidad de pagar la cuota y mucho menos en tiempos de crisis pero la participación no se negocia. Se puede ayudar al club y ser parte aún sin carnet. Hay que controlar el accionar de los dirigentes a cargo, no dormirse en el dulce de los títulos y poder ver más allá. Este trabajo extra, asegura la vida sana y aleja a los que no tienen camiseta, a esos que vienen a hacer su negocio, escondidos detrás de una falsa pasión, que les da vía libre para ser más patrones que presidentes.

Las Sociedades Anónimas tampoco se ocuparon de combatir a los barras. Otro flagelo que parece un mal de todos los clubes. Siguieron recibiendo dinero y beneficios para circular libremente dentro de las instituciones con un detalle no menor, su negocio ya no sólo es con el sindicalista o el intendente, sino que además se suma el “curro” extra de depender de una nueva administración.

En definitiva, resulta un sistema menos transparente, menos pendiente de contener, ayudar o proteger a nuevas generaciones que necesitan hacer patín, jugar al metegol, crear un nuevo grupo de amigos, un lugar de pertenencia o encontrar la posibilidad de tener un mundo mejor que el que pueden tener en sus casas.

Julián Armas. Nació en Berazategui un 10 de Julio de 1981. Es Periodista Deportivo ( @julyarmas ) y Entrenador Nacional de Tenis ( facebook.com/julianarmastenis ). Trabaja en radio y medios gráficos. Amante del fútbol, el tenis y el básquet.